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SIDA, la enfermedad que continúa avanzando en todo el mundo


genericos Según datos del Ministerio de Salud de la Nación, en 2005, vivían en Argentina aproximadamente 127.000 personas con SIDA, de las cuales el 60% desconocerían su situación. En la actualidad, según estimaciones, dicha cifra debería ser multiplicada por tres, lo que daría un total de casi 400.000 personas infectadas. El SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida) ya provocó 25 millones de muertes en todo el mundo, y en la actualidad se estima que hay 40 millones de infectados. Esta epidemia refleja dramáticamente la desigualdad entre el segmento desarrollado del planeta y el mayoritario, que vive en condiciones de subsistencia.
Sin embargo, primero habría que aclarar un aspecto que no todas las personas conocen, que es la diferencia entre ser portador del virus HIV y el enfermo de SIDA. En el primer caso, se trata de la persona que, tras adquirir la infección por el HIV, no manifiesta ningún tipo de síntoma. Por otro lado, el enfermo de SIDA padece algún proceso infeccioso o tumoral junto con una precariedad inmunológica importante. Tanto el portador como el enfermo de SIDA se denominan seropositivos, porque tienen anticuerpos contra el virus que pueden reconocerse en sangre.
En líneas generales, desde el momento en que una persona se infecta con HIV hasta que desarrolla la enfermedad del SIDA, existe un período asintomático que suele durar hasta unos 10 años. Durante este tiempo el sistema inmune sufre una destrucción progresiva, hasta que llega un estado crítico en cual el paciente presenta un alto riesgo de padecer infecciones y tumores.
Asimismo, un resultado positivo no significa que la persona haya desarrollado la enfermedad, sino que es portadora del virus y puede transmitirlo por la sangre o las secreciones sexuales. Dicha persona deberá tomar las precauciones necesarias para disminuir el riesgo de evolución hacia el SIDA y evitar exponer a otras al contagio del virus.

 

¿Cuál es la evolución de una persona seropositiva?


Existen tres fases luego de la infección por HIV:
-Primoinfección: las personas infectadas comienzan a fabricar anticuerpos anti–HIV que podrán detectarse con la prueba serológica. Las personas son, entonces, seropositivas.
-Evolución: en una segunda fase de la infección, de 6 meses a 10 años o más, pueden aparecer manifestaciones clínicas en algunas personas y en otras, evolución hacia el SIDA (forma grave de la infección por HIV), mientras otro tercer grupo puede mantenerse sin manifestación alguna. Entre los síntomas menores de la infección por HIV pueden encontrarse manifestaciones clínicas persistentes, tales como aumento constante del volumen de los ganglios en diversos lugares del cuerpo, pérdida de peso superior al 10% del peso corporal, fiebre y sudores nocturnos, formas graves de herpes, diarrea persistente y abundante. Estos síntomas no son específicos del SIDA ya que muchas enfermedades, generalmente benignas, pueden ocasionar estas mismas manifestaciones. Las personas que tienen un bajo porcentaje de linfocitos T4 corren un riesgo elevado de evolucionar hacia la enfermedad.
-SIDA: las personas que desarrollarán SIDA, debido a que el sistema inmunitario está fuertemente deteriorado, pueden presentar infecciones oportunistas, algunos cánceres (linfomas y sarcoma de Kaposi) u otras afecciones como trastornos neurológicos y síndrome de adelgazamiento.
No obstante, otras personas pueden permanecer sin síntomas. Es evidente que un cierto número de seropositivos pueden mantener un estado de incubación por más de 10 años, pero podrían desarrollar la enfermedad más tarde ya que el tiempo máximo de incubación es todavía desconocido.

 

La mejor lucha es la prevención


Según advierten los expertos, el contagio con el virus del SIDA crece de forma exponencial y descontrolada principalmente en África y Asia, y a pesar de que mejoró el suministro de fármacos, la enfermedad cada vez produce más estragos.
En la IV Conferencia sobre Patogénesis y Tratamiento del HIV realizada en Sydney en julio de este año, el director del Instituto de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos, el inmunólogo Anthony Fauci, señaló que “el mundo está perdiendo la batalla contra el VIH”, y agregó que “por cada persona que comienza un tratamiento, otras seis se contagian”. Por su parte, el médico argentino Pedro Cahn, copresidente de la Conferencia, pidió un mayor compromiso solidario de parte de las autoridades de los Estados desarrollados para que los avances en materia de prevención y tratamiento puedan aplicarse en los sistemas sanitarios de los países en desarrollo.
Precisamente, la mejor herramienta para luchar contra el SIDA es la prevención, promoviéndola a través de campañas y medios masivos de comunicación y alertando e informando a toda la población mundial, principalmente a aquellas poblaciones de riesgo.

 

Sexo adolescente


En una época en la cual el inicio de las relaciones sexuales es cada vez más rápido, los adolescentes tienen su “primera vez”, en la mayoría de las veces, con muy pocos cuidados. Muchos de ellos y ellas ya no lo experimentan como algo “romántico”y “especial” sino que lo hacen para formar parte de un grupo y para pertenecer a él. De esta manera, además de perderse cientos de valores, los jóvenes mantienen relaciones desde muy corta edad (14 –15 años) exponiéndose continuamente al riesgo de contraer HIV, incluso embarazos no deseados.
En este sentido, las campañas de difusión masiva deberían apuntar a este público en particular, advirtiéndolos de los riesgos que contrae mantener relaciones sexuales sin conciencia de la prevención. A su vez, las dos principales instituciones –la familia y la escuela- son responsables y quienes deberían fomentar toda la información necesaria respecto al inicio de las relaciones sexuales y, fundamentalmente, acerca de SIDA.


Falta de preservativos


Pedro Chequer –coordinador de Onusida para la Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay– advirtió que “sobre una población mundial de 6500 millones, la población masculina con actividad sexual es, como mínimo absoluto, de 812,5 millones de hombres; suponiendo que tuvieran sólo una relación por semana, harían falta 42.000 millones de preservativos por año –calculó Chequer–; no obstante, la producción mundial no supera los 15.000 millones, es decir, hay un déficit de 27.000 millones, que se eleva a 81.000 millones si permitimos que estos hombres tengan tres relaciones sexuales por semana.” Tomando el conjunto de los países en desarrollo, sólo 9 % de la población tiene acceso al preservativo; apenas el 0,6 % de los adultos tienen acceso al testeo gratuito de VIH; a sólo el 4 % de los usuarios de drogas inyectables se les ofrecen abordajes de “reducción del daño” como la distribución de jeringas; y en no más que el 9 % de los embarazos se previene la trasmisión madre-hijo, según las cifras aportadas por el funcionario de Onusida.


 
 
 
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